> Se conmemoraron los 42 años de la UPN con el conversatorio
Formación docente: entre el pasado y la pospandemia
> IISUE, Clacso y UPN analizaron el panorama
educativo provocado por la crisis del Covid-19

La propuesta educativa ante la crisis ocasionada por la enfermedad de Covid-19 debe centrarse en la diversidad y la pluralidad coincidieron especialistas en educación durante el conversatorio Formación docente: entre el pasado y la pospandemia, organizado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y la Universidad Pedagógica Nacional (UPN) en el marco del aniversario 42 de esta casa de estudios.

“Para pensar las inequidades y desigualdades que esta pandemia genera, no basta con pensar en un contexto dual rural-urbano, ya que la diversidad étnica, lingüística y cultural hoy no es sólo rural, también es urbana y los sectores que no tienen acceso a la escuela por falta de Internet no están sólo en la sierra y las zonas más empobrecidas del país, sino que están en diferentes contextos”, afirmó Gabriela Victoria Czarny Krischkautzky, académica de esta Universidad.

“Las desigualdades ya estaban presentes en la educación; sin embargo, esta pandemia lo que hace es visibilizar y profundizar las condiciones de inequidad, señalo Czarny durante el conversatorio en el que participaron también y de manera virtual Denisse Cejudo Ramos, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), de la UNAM y Nicolás Arata del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso).

“Cuando las academias de las universidades, colegios de profesores y las instituciones que trabajamos con la escuela comenzamos a entender que la diversidad es un signo de nuestra época e histórico de la humanidad, nos interpela a formular pedagogías más complejas que reconozcan los diversos modos de habitar el espacio escolar y mejorar el enlace maestro-alumno, finalizó.

Pluralidad en las escuelas

Nicolás Arata, de Clacso, recordó las dos perspectivas que pugnan dentro de la pandemia provocada por el Covid-19.

“Hay dos voces dentro del campo educativo actual: las quieren hacer de esta pandemia la tormenta perfecta, que apuestan al fin de la escuela y a los enormes y redituables negocios que se pueden hacer con la educación en todos sus niveles; y están aquellos quienes tratamos de pensar estos problemas para poder atravesar este momento histórico con la esperanza de poder salir de aquí con una sociedad un poco más justa e igualitaria.

“Debemos pluralizar la realidad de las escuelas, pues no hay una escuela, hay muchas, ni tampoco existe un docente, en realidad hay muchos, pues no son iguales los recintos educativos de las grandes urbes a aquellos de los pueblos alejados de la ciudad. Las escuelas funcionan en entornos sociales que las atraviesan, las moldean y les imprimen fines específicos y únicos. La red de escuelas es tan diversa y variada, como lo es la sociedad que acude a ella.

“Las clases deben conservar uno de sus rasgos diferenciales: interpelar al otro, generar perplejidad, plantear preguntas y enseñar a pensar contra nuestras propias certezas y verdades. El gran enemigo en las aulas es el aplanamiento burocrático de un saber preestablecido, pues hay muchos docentes que caen en este vicio.

“Ante las pantallas, hay que dejar de lado la obsesión de tareas y calificaciones, para orientar el esfuerzo en construir un vínculo entorno al aprendizaje que valga la pena”, detalló.

Recordó que “desde una perspectiva de larga duración, estos cinco meses de pandemia representan una milésima de segundo en la historia de la escuela y de las transformaciones que sufrió a lo largo de su devenir histórico, pero también, es justo decir que fue en esta milésima de segundo cuando todo cambió para siempre.

“Creo que debemos hacer un esfuerzo sostenido para entender la naturaleza de los cambios que estamos realizando, sus relaciones con otras transformaciones que sufrió la educación y cómo ambos impactarán en aquello que no debe cambiar, con esto me refiero a la responsabilidad indelegable del Estado para garantizar el derecho a la educación”, sostuvo Nicolás Arata.

Licenciatura en Educación Indígena

Por otra parte, Gabriela Czarny destacó el trabajo realizado en la UPN con los dos programas con los que cuenta esta Casa de estudios en relación con la diversidad dentro del aula. El primero de ellos es la Licenciatura en Educación Indígena, que se creó en 1982 para profesionalizar a los maestros que se hacían cargo de la escuela en las comunidades.

“Fundamentalmente eran directores y de cuerpos, más bien de tipo técnico, quienes estudiaron por primera vez (dicha licenciatura), pero este perfil ha ido cambiando y hoy ingresan jóvenes bachilleres de diferentes entidades del país, tanto hablantes de una lengua originaria como no hablantes; pero que se reconocen como pertenecientes a pueblos y comunidades. Tiene más de 30 generaciones de egresados y los exalumnos han generado un impacto muy importante en sus generaciones”, declaró Czarny.

Recordó que “una de las fortalezas que tiene la Universidad Pedagógica Nacional es su presencia en todo el país, a través de sus Unidades y subsedes. Desde los años 80, la UPN ha llegado a lugares donde no existían propuestas de formación y profesionalización docente en el campo educativo”. 

El otro programa, que se creó en 1992, el cual se imparte sólo en las unidades de los estados de la República, es la Licenciatura en Educación Primaria para el Medio Indígena, el cual está dirigido a regularizar a los maestros frente a grupo para profesionalizarlos para hacer frente Denisse Cejudo Ramos, investigadora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación (IISUE), de la UNAM, habló sobre el contexto en que se fundó, hace 42 años, la Universidad Pedagógica Nacional.

Explicó que “hay profesores totalmente desconcertados con lo que estamos viviendo; pero, por otro lado, tenemos docentes que creen que es lo mejor que nos pudo haber pasado, que nunca habían tenido un mejor espacio de trabajo. Estas respuestas tan distintas nos permiten pensar qué estaba pasando en las aulas antes de esta crisis y por qué tenemos reacciones tan distintas ante la situación actual y creo que tiene que ver con la diversidad y conflictividad de la formación docente de este país”.

Comentó que es en el porfiriato cuando se tomó el papel del profesor como una profesión y se le da el empuje pedagógico a su formación. Y es durante el movimiento posrevolucionario cuando el docente se convierte en un elemento indispensable para la consolidación de la modernidad.

Para los años 40 y 50, de acuerdo con Cejudo Ramos, “vamos a tener un gran problema: la idea del México moderno y al 80 por ciento del magisterio federal y, de las normales rurales, sin título de profesor. Aunque tienen formación por su práctica, no cuentan con un título.

Los años 60 y 70 serán muy importantes en el proyecto educativo y formación de profesores en el conocido plan de los once años, pues buscaban extender la educación en el país. En este periodo se busca repensar los lugares donde se formarán los docentes, ya no sólo debe ser la escuela normal del Distrito Federal o las escuelas normales rurales, ahora se empiezan a formar los Centros Regionales de Educación Normal, lo que permite una descentralización.

El proyecto de modernización de 1970 es muy importante porque se crea una nueva ley de educación donde se señala que la práctica educativa es fundamental para el Estado, es por eso que busca formar a los profesores y generar una orientación para la construcción social.

Es en ese contexto, en 1978, que se funda la Universidad Pedagógica Nacional por decreto presidencial. Una de las condiciones es que permita que ingresen los normalistas, también los bachilleres, para formar dos tipos de profesionales de la educación: maestros y burócratas. 

La UPN se forma a partir de dos proyectos: el que pensó la Secretaría de Educación Pública y el que imaginó el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

“El primero quería formar en las aulas de la nueva universidad a la élite del magisterio, mientras que el SNTE quería que fuera una opción para que todos los profesores pudieran mejorar, tanto en su ejercicio pedagógico y didáctico, como en el ámbito laboral, para que obtuvieran mejores salarios”, detalló la académica.

Los años 80 y 90 son el punto de quiebre con el plan que tenía Carlos Salinas de Gortari, pues “comenzaron a unificar los planes de estudio y reconfigurar el lugar del profesor como investigador, esto era pensar al maestro como ‘lo que queremos’ y como ‘lo que tenemos’, el maestro imaginado, como lo llaman algunos”.

El conversatorio Formación docente: entre el pasado y la pospandemia, organizado para conmemorar el 42 aniversario del decreto de creación de la UPN, estuvo moderado por la maestra Angélica Noemí Juárez, del Instituto de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y se transmitió a través de Facebook live UPN.MX y el canal de Youtube UPNAjusco y de INEHRM.

 

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    Última Actualización: 04 September 2020.